Álvaro Pena Durán

Mi historia comienza en Abril del 2007.

Un dolor que apareció en la rodilla y que se pensó que podía ser una tendinitis, debido a la cantidad de deporte que practicaba.

Poco a poco ese dolor fue aumentando, apareció un bulto de tamaño considerable en la rodilla, y al descartarse el esguince de ligamentos por mi médico de cabecera, se me realizó una radiografía... En la que apareció el problema real: Un osteosarcoma.

Desde ese día, mi vida durante un año estuvo ligada al hospital Niño Jesús. Era como una segunda casa. Semanas de quimioterapia, algún que otro descanso... Era importante estar mentalizado para todo aquello. No venirse nunca abajo, ver siempre el lado bueno de las cosas. No pensar en las náuseas que producía la quimioterapia, sino en el fin de semana que iba a pasar con mis colegas en casa. No contar que faltaban cinco días más, sino que quedaba uno menos. Es la mejor forma de tomarse todo esto.

En el transcurso de ese año me ocurrieron muchas cosas, tanto buenas como no tanto, aunque al fin y al cabo todo termina enseñándote algo bueno, o útil.

Mis amistades cambiaron poco a poco. Con el que fue mi mejor amigo ya no me hablo. Realmente me decepcionó. En cambio, amigos a los que quizás nunca tuve tanto aprecio, ahora son mis mejores amigos, y les quiero como si fueran hermanos.

También he conocido a muchas personas nuevas, con numerosas experiencias que contar cada una de ellas. Excursiones organizadas por las Fundaciones que recorren los hospitales, reuniones... Una de las chicas que conocí en una de esas excursiones, Marta, es la chica con la que estoy saliendo. Ni le importó que se me cayese el pelo, ni que tuviera una pierna rígida (a raíz de la operación que me hicieron, me tuvieron que dejar la rodilla soldada a unos tornillos que no me permiten doblarla). La apariencia no importa un comino, si una persona te quiere. Os daréis cuenta con el tiempo. Además, el pelo, las pestañas, las cejas... vuelven a crecer, así que si a alguno le preocupa eso, tranquilo. ;)

Después de haber pasado por lo que ahora estáis pasando vosotros, no puedo hacer otra cosa que aconsejaros que no decaigáis nunca, por nada, Hay días mejores y peores, pero el optimismo vital no debe perderse. Aprovechad el tiempo en la medida de lo posible. No os preocupéis por los estudios si no os veis con el suficiente ánimo para afrontar el curso, eso es secundario. Y vuestros padres lo entenderán. Exprimid al máximo las inquietudes que tengáis, haced lo que realmente os llene cuando estéis fuera de la vida hospitalaria. Comer, correr, saltar, gritar... Lo que sea. Disfrutad todo lo que podáis. Y pensad siempre que vais a curaros. La forma de vencer al cáncer comienza dentro de nosotros, en nuestra cabeza, en nuestra mente. Plantándole cara y no derrumbándose a pesar de los días malos que pasaréis tirados en una cama, es la mejor arma.

Un abrazo fuerte.

 

Alvaro