Elena Gasulla

14 MAYO 2012. Hoy puede ser uno de los días más especiales de mi vida, por lo menos así lo recordaré. Ya puedo decir que después de 16 años de continua lucha, se acaba esta etapa.

Esta mañana desde la Unidad de Oncología Infantil de la “Fé”, me han dado el “Alta Definitiva” de un Cáncer con baja estadísticas en curación. Cuando a una adolescente que recién cumple los 13 años, la ingresan en el hospital un 13 de diciembre de 1996 y no despierta hasta pasar varios meses, y sabe que “algo” no funciona, siente miedo a que sea algo malo.

Muchas veces no somos conscientes de nuestro diagnóstico hasta semanas después, cuando una tarde tu madre te dice; “has ingresado por un Tumor”, las emociones son muy distintas: miedo, incertidumbre, por no saber lo que te va a pasar; tristeza por estar enfermo, ganas de hacerlo desaparecer y todo fuera como antes, desafío, sentimiento de lucha “Esto no va a poder conmigo”.

Al principio no se vive como algo traumático porque en ese momento desconoces lo que implica la enfermedad, y después te preguntas, ¿por qué a mí?. El duro golpe, llega cuando alguien nombra la palabra “CÁNCER” y entonces es “El comienzo de la lucha”

Esta etapa de dos años es la más larga y dura, es donde tienes que afrontar los tratamientos, secuelas de los mismos, asco, nervios, desesperación, negación, altibajos, dolor, impotencia por tener que darte la quimio aunque no quieras, preocupación, asombro por todos los cambios que está sufriendo tu cuerpo; pérdida de peso, continuos vómitos o el despertarse por las mañanas después de las sesiones y ver como se quedan los mechones de tu pelo en la almohada o entre las manos y romper a llorar. Tristeza, enfado y mucha rabia.

Luego llega la vuelta a casa, “el volver a empezar”.Por fin los tratamientos han acabado, solo quieres que vuelva todo a la normalidad, vuelves a los estudios, a reencontrarte con los tuyos y aprender a encajarlo todo. Por una parte tienes ganas de comerte el mundo, la sensación de haber madurado, y por otro lado tienes miedo a la recaída, y muchas veces no puedes ir al ritmo que te gustaría.

El tiempo pasa, y poco a poco todo vuelve a la normalidad, aunque realmente nada vuelve a ser igual que antes del diagnóstico. Te das cuenta de lo que te quieren tus familiares, amigos y hasta qué punto contar con ellos. Aparecen en ti sentimientos de madurez ya que todo lo que has vivido te ha dado importantes lecciones, aunque no siempre acertando en las decisiones y actos.

Bienestar, gratitud y reconocimiento hacia el personal sanitario, amigos, familiares, a unos jefes que durante 10 años han permitido que se pierdan horas de trabajo en visitas e ingresos hospitalarios y sobre todo a unos padres que dejan un trabajo para cuidarte, a una hermana mayor que con 15 años se queda sola en casa, a la gente que has perdido en el camino y a los que te has ido cruzando.

 

MUCHAS GRACIAS POR ESTAR AHÍ. NO DEJEIS QUE NINGUNA ENFERMEDAD SE APODERE DE VUESTRA CABEZA, PORQUE EN ESE MOMENTO LA LUCHA ESTA PERDIDA. 

 

Elena