Francisco Mateos

!!Venga tu Reino!!

22 de agosto de 2008. Mediodía. Acabo de recibir la noticia de un cáncer.

Tras una semana ingresado en el hospital de salamanca, con un derrame pleural y casi 4 litros en el pulmón, estaba tranquilo sabiendo que pasase lo que pasase, Dios lo quería. Pero también estaba nervioso por no saber absolutamente nada de lo que me estaba pasando.

Cuando me dijeron que tenía un Linfoma Linfoblástico T, lo primero que me vino a la cabeza es ‘‘¿Dios mío por qué me quieres muerto?’’. No entendía, como la mayoría de personas, porqué Dios me permitió el cáncer, pero me abandoné en sus manos sabiendo que no había mejor sitio donde estar.

 El permiso de fin de semana que me habían concedido tras darme la noticia, al final se convirtió en un permiso de 2 horas. Ingresé de nuevo en el hospital, en la sección de hematología, ya que me iban a poder realizar las pruebas necesarias para conocer el alcance del tumor y del derrame, pero providencialmente, no me hicieron ninguna prueba al final. Cuando mi familia llegó a salamanca, decidió llevarme otra vez a Madrid, al Hospital Niño Jesús, para poder tratarme allí, ya que es una enfermedad mas de niños que de adultos. Con la ayuda de la providencia, y de una amiga de la familia que trabajaba en la UCI, organizamos el traslado al hospital. Llegué en unas condiciones muy malas, con 4 litros y medio en el pulmón, y un tumor en el mediastino. A pesar de todo, gracias a Dios, yo estaba muy tranquilo.

Nada mas llegar, un domingo a las 12 de la noche, me realizaron una ecografía y una placa de tórax, y me ingresaron en la UCI. Una bienvenida un poco peculiar. Tras 3 días drenando el líquido de los pulmones, me trasladaron a planta, donde pasé 2 semanas más. Los médicos me tranquilizaron mucho cuando me explicaron en qué consistía el tratamiento, y todos los posibles efectos que iba a poder tener, pero lo que me dijeron pero no llegué a entender en toda su profundidad, era la necesidad que había de que yo luchase por mi cuenta contra el cáncer. Eso es algo que no se llega a entender hasta el momento en que tenemos que poner todo lo que está de nuestra mano. Aunque nos apliquen las sesiones más fuertes de quimioterapia, si no luchamos por nuestra propia cuenta, no vamos a poder lograr nada. Todo depende de las ganas de vivir que se tenga, pero eso es algo que no basta con solo decirlo, sino que hay que demostrarlo con la alegría y con el espíritu con el que se viva durante el tratamiento.

Hay muchas ocasiones en las que no entendemos el porqué de las cosas, y la reacción más frecuente es rebelarse contra Dios, la vida y todo lo que nos rodea. Muchas veces podemos estar pasando un momento muy duro del tratamiento, y con mucho dolor, pero no por ello tenemos que enfadarnos contra todo aquello que nos rodea. Debemos tener muy presente el hecho de que todo acaba pasando en esta vida. Hasta el dolor se acaba de una forma u otra, pero es algo completamente pasajero. Y si algunos hemos sido capaces de sobrellevar todo ello con espíritu tranquilo y con mucho ánimo, cualquiera es capaz de hacerlo, porque ninguno de los que lo hemos llevado somos ángeles, o algo parecido, sino personas humanas que también sufren y han sufrido, pero que han salido adelante.

La experiencia de sufrir un cáncer, ciertamente es algo que deja marcado para toda la vida. No es precisamente una experiencia envidiable. Pero si se logra ver en todo ello una prueba que nos regala la vida, y una oportunidad maravillosa de conocernos a nosotros mismos y nuestras fuerzas y debilidades, dejará de ser un calvario horroroso que no se quiere recordar jamás, y pasará a ser un calvario hermoso, donde se sufre y se pasa mal, pero donde se ganan las mejores amistades. Además, es una oportunidad para aprender a desprendernos de nosotros mismos, y preocuparnos por los demás, ya que se aprende que si nosotros estamos sufriendo, realmente no somos los únicos que sufrimos, ni mucho menos los que peor lo pueden estar pasando. Pero todo depende de nosotros y de la actitud que decidamos tomar ante el cáncer. Si elegimos vivir y luchar con todas nuestras fuerzas, lograremos salir adelante. Pero si nos abandonamos y no decidimos luchar, sino pelearnos contra todos y contra todo, lo único que vamos a conseguir es no salir adelante. Debemos concienciarnos de que la vida es demasiado bella y demasiado corta como para dejarla pasar de largo tan rápidamente.

La batalla depende de nosotros, no depende de los médicos, aunque ellos aplican  todos los medios posibles para que nos curemos. Las batallas pueden ser largas, pero al final, tarde o temprano, la batalla alcanza un final. Y aunque podamos perder algunas batallas, nunca debemos dar la guerra por vencida. Mientras nos quede un aliento de vida, la guerra no se acaba y debemos seguir luchando sin perder la esperanza. El cuando y el como de nuestra muerte, no está en nuestras manos el decidirlo. Tenemos un tiempo que nos ha sido concedido, y por mucho que no nos guste lo que estamos viviendo, no nos toca decidirlo. Lo único que nosotros tenemos que decidir es que hacer con el tiempo que nos ha sido concedido. 

Francisco