Isabel Cañas

Me llamo Isabel. Tengo 26 años. Cuando tenía 10 años me diagnosticaron un linfoma Hodgkin.

En aquel entonces no sabía muy bien qué era eso.  Solo sabía que ese mismo día nos íbamos a ir de vacaciones a la playa y no nos fuimos. Todo cambió. Mi vida cambió.

De los primeros momentos solo recuerdo a mis padres tristes, preocupados, a toda mi familia volcada en mí. A las pocas de semanas comencé la quimioterapia. Los que habéis pasado por esto, sabéis lo duro que es.  Hace años de ello y aún recuerdo los momentos de dolor, las intervenciones quirúrgicas, las semanas interminables en el hospital.

En ese momento no sabía que pasaba, solo que los médicos me hacían daño, el primer mes el tratamiento me sentó mal, no podía comer, dejé de hablar, dejé de reír. Mis defensas bajaron y tuve momentos muy duros. Solo quería salir del hospital y no sentir malestar, no sentir más dolor.

Y ese día llegó, llegó el día 20 de agosto, tras un primer mes muy duro entre esas cuatro paredes, salí a la calle. Brillaba el sol, mis padres me llevaban de las manos y nos dirigíamos a casa. En ese momento, y con solo 10 años, aprendí algo muy valioso que es uno de los pilares de mi vida: disfrutar cada segundo de la vida. Ese momento fue mi esperanza, había vida, había alegrías, no todo era sufrir.

A ese pequeño descanso de una semana, le siguieron otros cuatro meses de quimioterapia. Volvieron las nauseas, había días buenos, había días malos. Pero tras el tratamiento en el hospital recuerdo que mis padres me llevaban siempre a un sitio nuevo. Viajamos  a Santander, Barcelona, Madrid… Después del dolor siempre había un premio, poder volver a la vida. La vida como antes la conocía.

Pasaron muchas cosas, se me cayó el pelo. Pero no lo recuerdo cómo traumático, había sido mucho más duro estar comiendo y ver cómo se caían los cabellos al plato. En ese momento decidimos raparme. Y con o sin pañuelo, seguía siendo la misma niña. Llené mis cajones de pañuelos y gorros de colores.

Seguí estudiando en casa con una profesora y me ilusionaba poder seguir aprendiendo cosas, A veces estaba cansada y no tenía muchas fuerzas pero en cuanto podía intentaba hacer los deberes. Jugaba muchísimo, cree una ciudad entera con cajas de zapatos pintadas con acuarelas. Ya no veía tanto a mis amigas pero seguían viniendo a jugar conmigo cuando me encontraba bien.

En enero regresé al colegio. Recuerdo que fue un poco duro, porque no tenía pelo y empecé con la radioterapia. Me daba miedo la máquina de rayos. Tenía que estar muy quieta y con frecuencia estaba cansada.

Cuando acabo la radioterapia, sufrí mucho con el reservorio. Tenía que ir cada dos semanas a que me lo limpiase y me hacía mucho daño. Recuerdo que las noches anteriores nunca podía dormir.

Pero poco a poco todo pasó, fueron meses de tratamiento y años de continuas revisiones. Muchas operaciones, muchos pinchazos, muchas resonancias magnéticas y muchos nervios en la consulta del doctor ¿habrán salido bien los resultados? ¿estaré bien?

Con 16 años tras realizarme la última revisión, decidieron hacerme un PET y detectaron de nuevo actividad linfática. Me hundí, no entendía porqué tras tantos años podía volver  a pasar lo mismo. Yo estaba curada. O eso creía. Me volvieron a meter en el quirófano y tras intentar hacerme a la idea de que todo se repetía de nuevo.  Iba a seguir luchando, pasase lo que pasase. Falsa alarma. No había nada maligno. Estaba curada y de alta.

Ahora tengo 26 años y durante años no he hablado del tema, poco a poco he ido conociéndome y conociendo lo que pasé y lo que eso cambió en mí. He aprendido a sacar lo positivo de la experiencia.

Sé que es muy duro, que cuando sientes el dolor no entiendes el porqué. Pero mi consejo es que busquéis apoyo en los que más os quieren. Mis padres fueron todo para mí. Muchas veces pienso que yo lo pasé pero ellos lo sufrieron tanto o más que yo. Os animo a que les contéis todo lo que sentís a vuestra familia, a los que os quieren. No estáis solos.

Ahora, soy periodista, mi sueño desde niña, mucho antes de estar enferma. Y además me dedico a contar cosas sociales, trabajo con gente con discapacidad intelectual. He decido enfocar mi  profesión a dar voz a los que no pueden alzarla. Y tal vez todo esto, sea fruto de haber pasado el linfoma. ¡Ánimo con vuestros sueños!

Cuando recuerdo mi infancia, recuerdo el amor de mi familia, las risas, la felicidad y la ilusión por seguir viviendo. Solo a veces me acuerdo de la enfermedad. Ella ha sido parte de mi infancia, pero  no dejéis que se haga protagonista de vuestras vidas.

Y cuando todo pase, cuando ya no haya dolor, disfrutar cada segundo que podáis. Reír, saltar, bailar, pintar, charlar… La vida es maravillosa, nosotros lo sabemos. Tenemos esa gran suerte, valoramos cada instante porque hemos luchado por él.  

 

Isabel